Infraestructura portuaria tiene en riesgo inminente el crecimiento de Chile

Chile ha fundamentado su desarrollo en la apertura al comercio exterior. Tenemos una de las redes de acuerdos comerciales más extensas; cerca del 85% del PIB mundial.

Ha sido gracias a esta definición estratégica, que Chile ha desarrollado su industria exportadora, ha atraído inversión, ha generado empleos y disminuido la pobreza. En resumen, ha mejorado la calidad de vida de sus habitantes.

Pero esto no fue sólo firmar TDLCs, hubo que sustentar esta estrategia, dentro de lo cual lo más importante fue la infraestructura del País. Fue en esta área que se optó por realizar cambios profundos, permitiendo a privados invertir en infraestructura.

Los recursos del país eran escuálidos y los volúmenes de inversión necesarios para levantar la infraestructura eran muy relevantes. Así se consideró que sería mejor que los privados invirtieran en ello, y que los recursos del estado fueran a áreas que tenían mayor prioridad, como la salud y educación.

Así a partir de la década de los 90s, la infraestructura del País se desarrolló extraordinariamente bien y rápido. Nuestras carreteras, puertos, aeropuertos permitieron el desarrollo del comercio exterior, del turismo doméstico e internacional. La conectividad interna tuvo una mejora relevante y extraordinariamente virtuosa. Como País nos transformamos en “competitivos”, lo que se demuestra hasta hoy en muchas industrias.

Lamentablemente hace ya décadas de estos saltos discretos. Se nos vienen tiempos muy complejos. La gestión en este ámbito, de los últimos 15 años, no ha sido efectiva. Y es que obras de esta envergadura no solo implican inversiones multimillonarias, sino que también muchos años de desarrollo.

Pienso en particular en el sistema portuario de la zona central de Chile, cuya área de influencia supera el 60% PIB. Llegamos tarde, la infraestructura portuaria no va a ser capaz de responder a la demanda en los próximos años.

Terminales con muelles ya limitados y sin posibilidad de crecer. Densidad de grúas en su límite, áreas de respaldo colapsadas, garitas al máximo, entes fiscalizadores sobrepasados (SAG, Aduana), ferrocarril sin desarrollo por años, carreteras que conectan con las áreas de influencia cerca de su límite de capacidad. A lo que se suma las limitaciones de horario que han impuesto los transportistas, producto de sus particulares exigencias, como también de la inseguridad que los afecta en nuestras carreteras.

Lamento aventurar, y espero estar equivocado, que este escenario va a tener consecuencias lamentables para nuestro comercio exterior, nuestro país y su gente. Vamos a perder competitividad como pocas veces nos ha sucedido en las últimas décadas.

¿Qué hacer? Dar un sentido de urgencia extremo a este problema, haciéndolo visible y transformándolo efectivamente en un problema País.

¿Medidas de mitigación? Claro que las hay, pero son solo eso. Las dejamos para otra oportunidad.

Fuente: www.emb.cl